Incomprensión y aborto de primer trimestre

Las pérdidas gestacionales o abortos que se producen en el primer trimestre provocan mucho dolor en la mujer que las sufre, pero este sufrimiento se ve incrementado muchas veces por el acompañamiento que reciben de los profesionales sanitarios, porque en ocasiones minimizan la pérdida, por el poco sostén que recibe la mujer al recibir la noticia y en la gran mayoría de los casos por no recibir ningún acompañamiento terapéutico, cuando independientemente de las semanas, ellas han perdido a un hijo y su pareja también.

Muchas mujeres quieren visibilizar como han vivido estas pérdidas y Florencia, una valiente mujer ha querido compartir con nosotras su testimonio para dar voz a los bebés que se fueron demasiado pronto y la importancia de recibir un buen trato en todo este proceso, porque las semanas de gestación no son importantes para una mujer que pierde a su bebé, ya que no solo ha de enfrentarse al fallecimiento de su bebé, sino a la pérdida del futuro que había imaginado junto a él.

La historia de mi primer bebé

Con mi pareja decidimos empezar a buscar nuestro primer bebé en febrero de este año. Así fue como al mes siguiente, en marzo, me enteré que estaba embarazada. Tenía mis dudas ya que soy regular y no me venía la menstruación y tenía muchísimo dolor de ovarios y de piernas (más de lo normal), así que esperé 4 días de la fecha que me tenía que venir y me hice el test de farmacia y luego de laboratorio.

Obviamente estábamos felices, no podíamos creer que había llegado tan pronto. Tenía mi primer control obstétrico el 30/3 que me lo cancelaron por la pandemia, ya que el consultorio estaba cerrado, me pasaron el número de teléfono de mi obstetra la cual me comuniqué y me dijo que era muy reciente, que podía esperar.

Yo me sentía bárbara, nunca había tenido malestares, solo unos días anteriores mucho dolor en el útero del lado izquierdo, que nunca supe si “era normal” sentir eso o qué. El viernes 3/4, justo ese día cumplía dos meses de embarazo, me levanto de la cama, voy al baño y veo en el papel un leve rosado, sangre. Yo había leído que muchas mujeres “menstrúan” estando embarazadas y tienen a sus hijos bien, pero sabía que eso no era normal, para mí no estaba bien.

Llamé a mi obstetra, la cual es muy reconocida en el hospital de mi ciudad, me atendió de forma muy antipática, solo me dijo que hiciera reposo, que tomara Buscapina y me cortó. Al otro día tuve un poco más de sangrado lo cual llamé a emergencias, ellos en mi casa no podían hacer mucho, debía ir a un hospital.

Fui a uno, el más cerca, el cual no me recibieron por la pandemia (eso fue muy doloroso para mí, sentí que mi bebé no les importaba), fui al hospital donde me atendía mi obstetra (yo le había mandado un mensaje contándole lo que me sucedía, nunca me respondió).

Me atendieron las enfermeras, divinas, me hicieron un tacto, me dijeron que el útero estaba cerrado, que hiciera reposo, mi doctora nunca apareció. El lunes la fui a ver al hospital, me dijo que no me podía decir nada porque no sabía si mi bebé vivía, que me hiciera una ecografía.

El 8/4 logré que me atendiera, estuve 5 días para saber si mi bebé vivía o no, mientras sangraba. En la ecografía endovaginal pude ver a mi bebé y escuchar su corazón, fue duro entrar sola a la sala. Mi bebé estaba bien, me descubrieron un mioma bastante grande que en los chequeos anuales no había salido (más preocupación). Le avisé a la obstetra de todo eso, lo cual me dijo que continuara así, que era una amenaza de aborto. Esa misma noche sentí unas puntadas que a mí me parecieron que fueron intestinales.

A los dos días me vuelvo a comunicar con ella ya que seguía sangrando y me dijo que la fuera a ver dentro de 20 días, le dije que me sentía mal por eso, nunca me respondió. Decidí cambiar de obstetra, ya que nunca tuve un buen trato ni contención. La nueva obstetra, sumamente cálida, me dijo que el mioma no era peligroso, me envió a hacerme otra ecografía y me dio progesterona para dejar de sangrar.

El 17/4 me hice la ecografía, nuevamente entre sola. Cuando el hombre me colocó el aparato en mi vagina y vi la imagen, noté que no era igual a la anterior, no se veía nada, se veía como consumido. Miro al ecografista de reojo y me doy cuenta que dice “no” moviendo la cabeza, lo noto como nervioso, me doy cuenta que no sabe cómo decírmelo y escucho: no hay actividad cardíaca (o sea mi bebé está muerto, pensé).

No lloré delante de él, me contuve, pero mientras me vestía y esperaba a que redactara el informe no lo podía creer. Al salir le tuve que comunicar por teléfono a mi pareja la mala noticia (ya que él sí trabajaba en plena pandemia). Dejé de tomar el ácido fólico, la progesterona, la Buscapina, de ponerme crema antiestrías, de hacer reposo, dejé de estar embarazada, dejé de ser mamá. Ahora debía expulsarlo ya que estaba retenido. Esperé 5 días a qué pasará de forma natural, pero era muy doloroso tenerlo conmigo muerto desde hacía más de una semana, sobre todo habiendo esperado siempre tanto para saber si vivía o no. Así que decidí recurrir a las pastillas abortivas que se usan como óvulos.

El 22/4 luego de introducirme dos óvulos tuve la expulsión. Ahora quedaba por ver si eso había sido todo o quedaba más. El 25/4 cuando fui al baño de forma natural y sin ningún dolor expulsé una parte del saco gestacional. El 27/4 me hice una ecografía para ver cómo estaba mi útero y si iba a internación para raspado o aspiración. Mi útero solo tenía coágulos de sangre, lo demás había sido expulsado.

Al siguiente mes tuve mi menstruación normalmente. Pero ahora siento que ese día 8/4 que conocí a mí bebe también lo perdí a la noche con esa puntada, que yo no supe distinguir, siento que esperó a que lo conociera para irse y que, así como llegó tan rápido, se fue en un suspiro.

Me queda la bronca del mal trato de mi primer obstetra y frases desafortunadas que escuché como: es mejor que te pasé ahora y no de más meses (como si por eso doliera menos) o hubiera sido difícil tenerlo en pandemia (como si hubiese sabido lo que se venía).

Luego de la muerte de mi bebé casi todo el primer mes lloraba todas las noches en silencio. Me preguntaba y pregunto hoy día, si era un nene o una nena, si llegó a tener un alma, calculo de cuántos meses estaría si no lo hubiera perdido y todas esas ilusiones y proyectos que se desvanecieron de un día para otro. Luego vino la típica pregunta ¿cuando buscar otro?

Conocemos parejas que al mes ya buscaron uno, otros que esperaron 2/3 años. Solo siento que un mes es poco y dos mucho. Decidimos empezar a buscar al poco tiempo, a pesar que el dolor seguía y lloraba algunos días, el miedo a no disfrutarlo por miedo a pasar otra vez por lo mismo y más miedo a tener dificultades para retener embarazos.

A pesar de la pandemia queríamos intentarlo, porque si nuestro bebé no hubiera muerto hubiera crecido y nacido, tal vez, en pandemia. Me queda el video de la ecografía, que “me duele” saber que está ahí, pero que tampoco quiero borrar, porque tal vez sea el único bebé que pueda “tener”.  

Ahora estoy embarazada de tres meses y aunque siento muchísimo miedo, también tengo mucha ilusión de que esta vez irá todo bien.

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